La Esfinge
- Marta Fernández Posadas
- 16 jul
- 1 min de lectura
Muchas veces una se pierde en el camino
atada a no tengo, no puedo, no debo, no sé,
osea, a todo lo humaNO.
Y gira en torno de un agujero negro abobinable
y para nada subestimable.
Pero una, tarde o temprano, llega a ver,
por que de alguna manera confía en que, en realidad,
fue al encuentro, al encuentro de La Esfinge.
Llega un momento en el que una
quiere abrazar a la Esfinge,
y ésta se desvanece para dejar
lugar solo a la risa.
No obstante, la esfinge se rearma
en otro lugar con otra forma,
por lo cual no hay tiempo
para descansar en la alegría
de desocultar el enigma en uno mismo
y para uno mismo.Pues la Nueva Montaña emerge.
Afortunadamente.
Nadie le puede evitar a uno los dolores y sombras del Viaje Interior porque de eso se nutre la propia Luz.Y es obligatoriamente agradecido porque en eso uno deja dicho cuanto vale.M.F.P.




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